sábado, 19 de noviembre de 2011

Ana Karenina

–Y lo principal es que sentía mucho más temor y compasión por él que placer. Hoy, después del momento de temor que pasé durante la tormenta, comprendí cuánto le quiero.

Kitty mostraba una radiante sonrisa.

–¿Te asustaste mucho? –preguntó–. Yo también. Pero ahora que todo ha pasado tengo más miedo aún...

martes, 8 de noviembre de 2011

Pulso

Miro tus fotos, y mientras las voy pasando, noto que me falta el aire. Me tomo el pulso. Mi corazón, en lugar de aumentar el ritmo cardíaco, tiene cada vez más extrasístoles ventriculares, aumentando mi arritmia y disminuyendo la sangre que bombea.

A fin de cuentas, es mi corazón. Quiere latir tan rápido que cuando te ve, tropieza. Es como cuando quiero hablarte. Son tantas cosas las que deseo decirte que se me traba la lengua y no consigo articular nada y permanezco en silencio, delante de la pantalla.

Quizá lo que ocurre es que cada vez que te veo, siento que me quiero morir y mi corazón hace lo posible por complacerme. O tal vez sea que éste corazón sólo late por ti, y ahora, que estás a 400 millones de kilómetros, no encuentra razones para seguir latiendo y se va parando lentamente.

O puede ser que la única razón no sea la única.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Noviembre amargo

Extraído de mis apuntes de Inmunotecnología, sobre las 12:30 del 2 de Noviembre de 2011

"No es momento para hundirse. Es momento de estudiar, de hacer ejercicio, de PASAR PÁGINA. De rehacer mi vida, de quererme un poco. Serías el hombre de mi vida, pero yo no quiero ahora esa vida. Quiero una Vida de verdad. No volver a llorar, ni a sentirme mal. Que si lloro, sea de alegría. Es hora de reír, de disfrutar y de triunfar. Llegó la hora de decir 'adiós'. Si el destino nos vuelve a unir, pues genial. Si no, pues también. Hasta siempre, Fex. Hasta siempre, Charlz."

Fernando

(ni Feci, ni Fex)

lunes, 31 de octubre de 2011

Recopilatorio

  1. Él siempre va con prisa, porque no le gusta que le tengan que esperar.
  2. Se declara como alguien paciente, pero en realidad aborrece la espera como el que más.
  3. Come y bebe rápido, y si le gusta, lo devora.
  4. Lo mismo le ocurre con las canciones, los libros, las películas y las personas.
  5. Le cuesta a horrores levantarse las mañanas de los días de diario, pero suele levantarse temprano los fines de semana.
  6. Le gusta el lado derecho de la cama.
  7. Remolonea en ella, aunque no suele estar hasta muy tarde acostado, excepto cuando está acompañado.
  8. Le encanta mirar a la gente en el autobús y preguntarse sobre sus vidas.
  9. Mide el tiempo en canciones y las distancias, en minutos.
  10. Su armario tiene mucha más ropa de verano que de invierno, y viste de negro, blanco, rojo y azul, aunque su color favorito es el amarillo.
  11. No le gusta el frío, pero le gusta sentir el viento gélido en la cara mientras lleva el abrigo puesto en invierno.
  12. Le gusta ver llover y las tormentas, pero prefiere los días soleados.
  13. No le gusta su pelo. Le gustan sus manos, sus ojos y sus pies.
  14. Se distrae con facilidad, tiene buena memoria para las cosas poco importantes.
  15. Le encanta usar un lenguaje recargado y poco usual.
  16. Se come los chicles de 2 en 2.
  17. Le gusta ir solo en el bus para poder canturrear.
  18. Sonríe poco, pero cuando lo hace, lo hace de verdad.
  19. Es un cínico.
  20. Suele ser perfeccionista y no le gusta pedir ayuda, a menos que la necesite de verdad.
  21. Llora con las películas emotivas y cuando las emociones le sobrepasan.
  22. En general, es una persona bastante fría y distante al principio. Luego es algo más tibio.
  23. Se fija en las manos, los ojos, la boca y el culo cuando va de "caza".
  24. Sabe apreciar la belleza, pero no crearla.
  25. Cree que el lenguaje verbal es limitado en referencia a los sentimientos.
  26. Le gusta oler las flores que ve al caminar.
  27. Con 22 años, se ha enamorado 2 veces, se ha liado con unas 100 personas, se ha follado a unas 50 de éstas y sólo ha hecho el amor con una de ellas.
  28. Dicen que besa muy bien.
  29. Le gusta el vino blanco.
  30. Cree en el destino.
  31. Se muerde las uñas.
  32. No le gustan los niños ni los gatos, pero sí los perros.
  33. Le gustaría vivir algún día lejos, en una casa en las afueras, con un bonito jardín.
  34. No le gusta hacer deporte.
  35. Su mente pocas veces está quieta.
  36. No le gustan las cosas amargas, como el chocolate negro o el café.
  37. Es muy dado a perder el tiempo.
  38. Tiene facilidad para encontrar los puntos débiles de la gente y aplastarlos si la ocasión lo requiere.
  39. No es fácil enfadarle.
  40. Pero si se enfada, es dado a la violencia más atroz.
  41. Le gustan las novelas de ciencia ficción.
  42. Le gustaría ser, algún día, alguien importante, reconocido.
  43. Es un truhán, es un señor, algo bohemio y soñador.
  44. Cuando se aburre, le da por saquear la nevera.
  45. Le encanta la Historia.
  46. Es celoso, no lo puede evitar. Quizá sea una muestra de su inseguridad.
  47. Se pasa las horas muertas delante del ordenador.
  48. Viviría mucho mejor si pensase menos y actuase más.
  49. No suele odiar, pero cuando lo hace, es un ser vengativo e inmisericorde.
  50. Nunca jamás olvida a quien le ofende.
  51. No le gusta mucho leer, le da un poco de pereza.
  52. Se las da de inteligente y sapientísimo, pero en realidad, sabe poco de muy poco.
  53. Se aferra a sueños irrealizables antes que aceptar la realidad tal y como es.
  54. Considera que lo más triste que existe es que Beethoven nunca pudo escuchar su 9ª Sinfonía.
  55. Se adapta a como sea la otra persona. Se cambia de máscara.
  56. Es de los que estudia el mes de antes.
  57. Le gusta dibujar, pero no tiene talento para el Arte.
  58. Escucha las canciones nuevas una y otra vez hasta que las aborrece.
  59. Le gusta estar moreno y tomar el Sol. En general, le encanta el verano.
  60. Su libro favorito es el Silmarillion, de J.R.R. Tolkien.
  61. Su película, Ana y el Rey.
  62. Su canción, "Puede ser", de Amaia Montero con el Canto del Loco.
  63. Los ha consumido hasta la saciedad.
  64. Le gusta tratar a la gente mayor de "usted".
  65. Generalmente, es cariñoso y tiene buenos modos en la cama.
  66. Piensa que está destinado a algo grande, aunque no sabe a qué.
  67. Fuma y bebe. A la vez, sólo a la vez.
  68. Le cuesta decir que no.
  69. Es poco diplomático. Dice lo primero que le viene a la cabeza.
  70. Le da pereza ducharse. Luego, le da pereza salir de la ducha.
  71. Le gustan los dulces, pero el chocolate no mucho.
  72. Es algo egoísta y egocéntrico.
  73. Pero, en el fondo, tiene buen corazón.
  74. Cree llevar siempre la razón, ya que considera que su intelecto está por encima de los demás.
  75. Es tozudo y tenaz. Un cabezota hasta la médula.
  76. Suele estropear los momentos mágicos diciendo alguna chorrada.
  77. Es poco imaginativo. Es más dado a la copia.
  78. Lleva barba, no porque le guste, sino porque es muy vago para afeitarse.
  79. No le resulta fácil olvidar.
  80. Su acento es extraño. Nunca sabes exactamente de dónde viene.
  81. Se sabe de memoria los diálogos de El Señor de los Anillos: La Comunidad del Anillo.
  82. Siempre va despeinado. Prefiere el Caos al Orden.
  83. Su visión de la Vida es Kantiana a más no poder.
  84. No le gusta viajar. Le desespera el trayecto.
  85. Parece una persona contradictoria, pero en su fuero interno, todo tiene sentido.
  86. Su humor es bastante negro.
  87. Le encanta contar chistes, aunque siempre son los mismos.
  88. Le gusta el cerdo con piña y los espaguetis a la boloñesa.
  89. Cuando se emborracha, suele ser la típica exaltación de la amistad.
  90. Es un poco borde a veces, pero puedes confiar en él.
  91. Menos en chismorreos, es un cotilla insaciable.
  92. Usa mucho las palabras "nunca" y "siempre".
  93. Alguna de la música que tiene en el reproductor lleva ahí años.
  94. Le encantan los juegos de estrategia.
  95. Pero no es buen estratega; es buen administrador.
  96. Su forma de pensar se puede reducir a un puñado de clichés que repite una y otra vez.
  97. Le gusta bailar bajo la lluvia, pero no soporta la lluvia. A lo sumo, ver llover.
  98. Le encanta estar solo.
  99. Generalmente, define la felicidad como la ausencia de infelicidad.
  100. No le pertenecen sus meñiques.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Cerrando el círculo



Ahora resulta que el libro favorito de Joaquín Sabina es El Aleph.

Todo empieza a tener sentido.

El círculo se va cerrando.

domingo, 9 de octubre de 2011

Adiós

Odio esa palabra con toda la fuerza que me negro corazón puede reunir. La odio con fervor.

Pero me he visto obligado a usarla.

El tiempo, y sólo el tiempo dirá si era necesario usarla, o valía con usar un "hasta luego".

Ni que decir tiene que mi deseo es que ese "adiós" maquille un "hasta luego", y que las Noches Magas vuelvan a envolvernos, como en aquellos maravillosos días que pasé junto a ti.

Sin duda alguna, tengo miedo. Pero mi miedo no es a no vivir, a limitarme. Mi miedo tampoco es a perderte. Mi verdadero miedo es a desenamorarme. Tengo miedo a que si pierdo lo que siento, ya no pueda volver a sentirlo nunca más, ni por ti, ni por nadie.

Si no es muy siniestro contarlos, diré que nos quedan unos 690 días para volver a vernos.

Y, ahora sí, hasta luego.

sábado, 24 de septiembre de 2011

La Historia de una Sonrisa


Todo empezó con una sonrisa. Esa sonrisa.

No era una gran sonrisa. Estaba en blanco y negro. No era una sonrisa presumida, ni altanera. Era una sonrisa como otra cualquiera, al menos, quizá lo fue para ti. Quizá fue una sonrisa de tantas que ya habías esgrimido en tu rostro. Una de tantas que plasmaría el objetivo de aquella cámara que nunca conoceré. Pero fue la sonrisa.

Cuando la vi, sentí que necesitaba saber qué se ocultaba tras aquella sonrisa. Necesitaba saber quién era el que mandaba que se formase en las comisuras de su boca. Quería conocer la razón de aquella sonrisa. Mi corazón anhelaba saber quién eras.

Con el tiempo, no sólo deseé ver esa sonrisa. Con el tiempo, quise producirla. Quise conocer tu olor, tu sabor. Quise saber cómo sería besar esos labios. Quise sentir esos dientes mordiéndome suavemente, pero con decisión mi piel. Ya no podía contentarme con tu boca y tu rostro. Quería tus manos, tus brazos, el resto de tu piel.

A pesar de las dificultades, el Universo conspiró para concederme lo que deseaba. Pero cuando empecé a sentirme seguro de lo que se me había dado, cuando dejé de dar las gracias, me fue arrebatado.

Entonces, empezaron los Días Aciagos. Perdí la sonrisa, me di cuenta de que no era de mi propiedad, que, a fin de cuentas, era libre. Los pájaros y las sonrisas no deben enjaularse, porque mueren en cautividad. Por aquellos días, no deseaba la sonrisa. Bueno, sí, la deseaba, pero sólo si era yo el que la producía. Fueron días de mucho egoísmo y mucha tristeza.

Las lágrimas expiaron mi pecado. Y cuando cejé en mi empeño por poseer algo que nunca fue mío, el Universo tuvo a bien concederme aquella sonrisa una vez más. La recibí con los brazos abiertos, la mimé, la alimenté con besos y con bonitas palabras. Volvió a ser la sonrisa que yo recordaba, de esas que disipan las brumas.

La Historia de la Sonrisa no acabó ahí. La sonrisa sigue pudiéndose ver, y no en contadas ocasiones. A veces, aparece a la más mínima y provoca a su homóloga, en mi faz. Lo importante es que se produzca, no importa la razón.

Ha pasado ya mucho tiempo. Pero sigue siendo quizá la sonrisa más hermosa que he visto nunca. Cuando veo esa fotografía, recuerdo todo lo que significa, todo lo que hay detrás, toda la historia, todo lo que hemos vivido, y no puedo evitar sonreír.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

El Quijote

¿Por qué nos inquieta que el mapa esté incluido en el mapa y las Mil y Una Noches en el libro de Las Mil y Una Noches? ¿Por qué nos inquieta que Don Quijote sea lector de El Quijote y Hamlet sea espectadot de Hamlet? Creo haber dado con la causa: tales inversiones sugieren que si los personajes de una ficción pueden ser lectores o espectadores, nosotros, sus lectores o espectadores podemos ser ficticios.

martes, 13 de septiembre de 2011

Quiero

Ayer, mientras paseaba por la Biblioteca, en la sección de Narrativa, me detuve a hojear unos libros, creo recordar por la B. La primera página del primer libro que abrí, decía lo siguiente:

Quiero que me oigas sin juzgarme.
Quiero que opines sin aconsejarme.
Quiero que confíes en mí sin exigirme.
Quiero que me ayudes sin intentar decidir por mí.
Quiero que me cuides sin anularme.
Quiero que me mires sin proyectar tus cosas en mí.
Quiero que me abraces sin asfixiarme.
Quiero que me animes sin empujarme.
Quiero que me sostengas sin hacerte cargo de mí.
Quiero que me protejas sin mentiras.
Quiero que te acerques sin invadirme.
Quiero que conozcas las cosas mías que más te disgusten,
que las aceptes y no pretendas cambiarlas.
Quiero que sepas... que hoy puedes
contar conmigo.

Sin condiciones.


Tras informarme, como no podría ser de otra forma, el autor de este fragmento es el señor Bucay.

Eso es, sinceramente, lo que quiero.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Expectación

Las horas van pasando, inexorablemente. Las uñas van menguando en los dedos, devoradas por la inquietud, como siempre.

Las sábanas de mi cama me rechazan, y el sueño se resiste a venir. La vigilia es constante en las vísperas a nuestros encuentros.

Me mantendré expectante, a ver qué me deparan los próximos días.

viernes, 2 de septiembre de 2011

Del portugués

echar.
~ de menos, o ~ menos a alguien o algo.
1. (Del port. achar menos, hallar menos). locs. verbs. Advertir, notar su falta.
2. locs. verbs. Tener sentimiento y pena por su falta.


distancia.
(Del lat. distantĭa).
1. f. Espacio o intervalo de lugar o de tiempo que media entre dos cosas o sucesos.
2. f. Diferencia, desemejanza notable entre unas cosas y otras.
3. f. Alejamiento, desvío, desafecto entre personas.


amor.
(Del lat. amor, -ōris).
1. m. Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser.
2. m. Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear.
3. m. Sentimiento de afecto, inclinación y entrega a alguien o algo.
4. m. Tendencia a la unión sexual.
5. m. Nosotros.

martes, 30 de agosto de 2011

Las Noches Magas


Hacía mucho, mucho tiempo que no me sentía como me estoy sintiendo ahora. Saboreo el aire que entra en mis pulmones, desgloso cada rayo de luz que pasa por mis pupilas y noto la suave caricia de mis dedos sobre las teclas del teclado. Puedo sentir cada uno de los latidos de mi corazón y oír como el viento arranca grácilmente una hoja de un pino y la deposita suavemente en el suelo.

Admiro como imperceptiblemente el Sol se va ocultando tras las montañas y como el aire va refrescándose por momentos. Siento las alas de las golondrinas cortar los vientos con cada aleteo, noto la brisa que se hiende desde sus picos. Percibo hasta cada una de las moléculas de agua que se evaporan una a una desde la piscina hasta la atmósfera. Soy consciente de hasta el más mínimo detalle que me rodea.

Esta sensación de paz interior que me llena es, en su mayor parte, sumamente indescriptible. Es una de las cosas más maravillosas que existen, comparable quizá con el Nirvana. Es un pequeño pedazo de cielo instalado en mi alma. Una porción del Infinito alojada en mi corazón.

Mis manos, mis labios, mis ojos, mis oídos y en general, casi cada célula de mi piel pueden evocar y reconstruir tu presencia a mi lado, como si estuvieses sentado en la silla en frente de mí y no a cientos de kilómetros. Tu voz parece acudir nítida a mis tímpanos, tus manos parecen aferrarse aún a mi cintura y tus labios siguen aún pegados a los míos. Mi cuello aún nota tus dientes clavándose en él.

Estoy tranquilo, en paz. Completamente lleno de amor, enamorado. Pero siento que no es el amor destructivo que se siente normalmente, y que conozco tan bien. Es un amor pleno, es esa desinteresada tarea de crear espacio para que el otro sea quien quiera ser. Ahora comprendo muchas de las canciones de amor, de las películas y de los libros que hablan del tema. Antes, me faltaba la experiencia.

Cierro los ojos, y sigues ahí. Tu sonrisa aparece entre los recuerdos como el Sol despunta al alba. Tu luz llena mi ser y me transporta a otra dimensión, desde la cual puedo ver lo que era mi vida antes de ti y lo que es ahora y será después. Tú has revivido la llama que yacía casi extinta entre las cenizas de mi ser. Ya no hay Días Aciagos. Sólo quedan Noches Magas.

martes, 23 de agosto de 2011

Sobre imbéciles y malvados

Esto está extraído del semanal de este domingo pasado. El autor, como no podía ser de otra forma, es el ínclito Arturo Pérez-Reverte, oriundo de la ciudad de las dos coronas. Disfrutadlo, pues rezuma superlatividad y es sublime hasta decir basta.

No quiero, señor presidente, que se quite de en medio sin dedicarle un recuerdo con marca de la casa. En esta España desmemoriada e infeliz estamos acostumbrados a que la gente se vaya de rositas después del estropicio. No es su caso, pues llevan tiempo diciéndole de todo menos guapo. Hasta sus más conspicuos sicarios a sueldo o por la cara, esos golfos oportunistas -gentuza vomitada por la política que ejerce ahora de tertuliana o periodista sin haberse duchado- que babeaban haciéndole succiones entusiastas, dicen si te he visto no me acuerdo mientras acuden, como suelen, en auxilio del vencedor, sea quien sea. Esto de hoy también toca esa tecla, aunque ningún lector habitual lo tomará por lanzada a moro muerto. Si me permite cierta chulería retrospectiva, señor presidente, lo mío es de mucho antes. Ya le llamé imbécil en esta misma página el 23 de diciembre de 2007, en un artículo que terminaba: «Más miedo me da un imbécil que un malvado». Pero tampoco hacía falta ser profeta, oiga. Bastaba con observarle la sonrisa, sabiendo que, con dedicación y ejercicio, un imbécil puede convertirse en el peor de los malvados. Precisamente por imbécil.


Agradezco muchos de sus esfuerzos. Casi todas las intenciones y algunos logros me hicieron creer que algo sacaríamos en limpio. Pienso en la ampliación de los derechos sociales, el freno a la mafia conservadora y trincona en materia de educación escolar, los esfuerzos por dignificar el papel social de la mujer y su defensa frente a la violencia machista, la reivindicación de los derechos de los homosexuales o el reconocimiento de la memoria debida a las víctimas de la Guerra Civil. Incluso su campaña para acabar con el terrorismo vasco, señor presidente, merece más elogios de los que dejan oír las protestas de la derecha radical. El problema es que buena parte del trabajo a realizar, que por lo delicado habría correspondido a personas de talla intelectual y solvencia política, lo puso usted, con la ligereza formal que caracterizó sus siete años de gobierno, en manos de una pandilla de irresponsables de ambos sexos: demagogos cantamañanas y frívolas tontas del culo que, como usted mismo, no leyeron un libro jamás. Eso, cuando no en sinvergüenzas que, pese a que su competencia los hacía conscientes de lo real y lo justo, secundaron, sumisos, auténticos disparates. Y así, rodeado de esa corte de esbirros, cobardes y analfabetos, vivió usted su Disneylandia durante dos legislaturas en las que corrompió muchas causas nobles, hizo imposibles otras, y con la soberbia del rey desnudo llegó a creer que la mayor parte de los españoles -y españolas, que añadirían sus Bibianas y sus Leires- somos tan gilipollas como usted. Lo que no le recrimino del todo; pues en las últimas elecciones, con toda España sabiendo lo que ocurría y lo que iba a ocurrir, usted fue reelegido presidente. Por la mitad, supongo, de cada diez de los que hoy hacen cola en las oficinas del paro.

Pero no sólo eso, señor presidente. El paso de imbécil a malvado lo dio usted en otros aspectos que en su partido conocen de sobra, aunque hasta hace poco silbaran mirando a otro lado. Sin el menor respeto por la verdad ni la lealtad, usted mintió y traicionó a todos. Empecinado en sus errores, terco en ignorar la realidad, trituró a los críticos y a los sensatos, destrozando un partido imprescindible para España. Y ahora, cuando se va usted a hacer puñetas, deja un Estado desmantelado, indigente, y tal vez en manos de la derecha conservadora para un par de legislaturas. Con monseñor Rouco y la España negra de mantilla, peineta y agua bendita, que tanto nos había costado meter a empujones en el convento, retirando las bolitas de naftalina, radiante, mientras se frota las manos.

Ojalá la peña se lo recuerde durante el resto de su vida, si tiene los santos huevos de entrar en un bar a tomar ese café que, estoy seguro, sigue sin tener ni puta idea de lo que vale. Usted, señor presidente, ha convertido la mentira en deber patriótico, comprado a los sindicatos, sobornado con claudicaciones infames al nacionalismo más desvergonzado, envilecido la Justicia, penalizado como delito el uso correcto de la lengua española, envenenado la convivencia al utilizar, a falta de ideología propia, viejos rencores históricos como factor de coherencia interna y propaganda pública. Ha sido un gobernante patético, de asombrosa indigencia cultural, incompetente, traidor y embustero hasta el último minuto; pues hasta en lo de irse o no irse mintió también, como en todo. Ha sido el payaso de Europa y la vergüenza del telediario, haciéndonos sonrojar cada vez que aparecía junto a Sarkozy, Merkel y hasta Berlusconi, que ya es el colmo. Con intérprete de por medio, naturalmente. Ni inglés ha sido capaz de aprender, maldita sea su estampa, en estos siete años.

lunes, 22 de agosto de 2011

Abstracción

Ésto está escrito en los Días Aciagos. No refleja mi actual estado de ánimo, pero como creo que es un texto bastante logrado por mi escasa capacidad, considero que no está de más ponerlo aquí. Disfrutadlo si podéis.

Me estoy convirtiendo en una abstracción, en una idea. Hace meses que perdí mi individualidad, me convertí en un parásito, cuando lo idóneo era una relación de mutualismo. Siempre renegué el ser una mitad que espera ser un todo, pero las ironías de la vida me llevaron a ser eso, una mitad de un todo y medio. Ahora, soy únicamente una mitad, que va poco a poco desintegrándose y reduciéndose a la nada.

Tengo todo lo que podría desear, exceptuando aquello que deseo más fervientemente. Así que continúan las ironías. Es una jugada cruel del Destino, pero a fin de cuentas, me lo tengo bien merecido. Por eso mismo, no lamento excesivamente mi situación. Sólo señalo el estado de la misma y hago un ejercicio de capacidad mental para buscar una solución que me lleve a salir de este pozo sin fondo en el que no paro de caer.

Me abstraigo. Mi individualidad, largo tiempo perdida era necesaria para ser yo mismo, y ahora, empiezo a perder mi ser, mi yo. Las canas se multiplican entre mis cabellos azabache y mis ojos vidriosos no aspiran sino a ser mar. Mi cuerpo adolece, como mi alma. Noto mi corazón cada día latir más fuerte, como si quisiera infundir algo de energía a esta vida que se va lentamente. Mi estómago ya no conoce el hambre ni la sed. Mis piernas no padecen el cansancio, mi rostro no siente la brisa marina y mi cerebro no nota el sueño. Cada uno de mis órganos pierden sus correspondientes ansias de seguir funcionando, excepto mis manos. Mis dedos, el dorso y la palma de mis manos siguen exigentes, deseosas y anhelantes de tocar tu piel una vez más. Cada día el recuerdo del roce de tu epidermis es más esquivo y me temo que un día será imposible evocarlo y quede condenado a una lenta decadencia y muerte.

He llegado a un extremo de dependencia insano. Probablemente me cueste la vida, pero no creo que sea un precio muy alto por haberte conocido. Lo pagaré gustosamente.

jueves, 18 de agosto de 2011

Yo soy Pirro, rey de Epiro

Después de la muerte de Alejandro Magno, en el año 323 a.C., su colosal imperio se desmembró inmediatamente, y diversos generales macedónicos arrebataron una o otra parte. De ellos el más famoso fue Pirro, un familiar de Alejandro y rey de Epiro; un hombre ambicioso y formidable guerrero imitador de los moldes macedónicos. Sin embargo, Italia tenía problemas. En toda la época antigua, los griegos habían estado en el asiento del conductor, merced a las victorias de Alejandro. Pero en Italia las ciudades griegas del sur encontraron un formidable enemigo en el norte. Roma, que no era griega, se las había arreglado en el siglo anterior para establecer su poder por toda la península, hasta llegar a las áreas griegas.

El poder romano aspiró entonces a la unificación de Italia bajo su hegemonía. La ciudad más poderosa de la Italia meridional era Tarento, próspera y activa, por lo que los romanos se dirigieron a ella; ésta reclamó el socorro de Pirro, rey de Epiro, el cual, deseando ya una buena pelea, respondió inmediatamente. Llegó al sur de Italia con 25000 hombres y algunos elefantes, sin contar con el apoyo que las ciudades griegas les prestaron y seguro además de vencer a los romanos de forma fácil. Después de todo, los griegos siempre habían ganado a los "bárbaros". La victoria de Heraclea, obtenida sobre los romanos, fue desastrosa para Pirro.

En el año 279 a.C. luchó otra vez contra ellos en la batalla de Ausculum, ciento sesenta kilómetros al norte, y el rey epirota venció de nuevo, pero solamente después de grandes pérdidas. La flor y nata de los hombres que había traído a Italia estaban muertos. Uno de los oficiales, lo felicitó por su victoria, a lo que Pirro respondió amargamente: "Otra victoria como ésta y estoy perdido"; en realidad, no ganó ninguna otra batalla y fue obligado a salir de Italia en el año 275 a.C.

Actualmente, al hablar de victoria pírrica, nos referimos a cualquier éxito que se ha obtenido a un coste tan elevado, que habría sido casi mejor no conseguirlo.

Las palabras y la Historia, Isaac Asimov, Ed. Laia, Barcelona, 1974

martes, 16 de agosto de 2011

Romper ventanas

Cuatro mil días después de aquel año obcecado
detecto que al fin te dignaste a cumplir
con la cita eludible. Y me alegro,
y me enfado a la vez.

Después de estudiar con cuidado este caso
ejerciendo a la vez de fiscal y abogado,
de juez imparcial, sentencio lo nuestro,
diciendo que el fallo más grande pasó
por guardar solamente los días más gratos
y olvidar los demás.

Mirarte de frente. Admito en voz alta
que no pocas veces he sido tentado
a coger mi esperanza y lanzarla sin más
a la fosa común donde yacen los sueños
que nos diferencian.

Tal vez, ¿has pensado en renunciar?
Yo aún no.

Ven a romper ventanas, a gritar como antes y a entrar como el aire.

jueves, 4 de agosto de 2011

Un día en el parque

Ahora me escondo, y te observo y te puedo decir,

yo mataré monstruos por ti.

Sólo tienes que avisar.

sábado, 30 de julio de 2011

Cuento sin U

Esto está extraído de "Cuentos para pensar", de Jorge Bucay. Estoy descubriendo este verano una cantidad de literatura como yo no podía imaginar. Y realmente bella, sin duda. Si quieres saber cómo es una persona, pregúntale que lee o qué ha leído.

Quizá yo nunca vuelva a ser el mismo tras este verano, pues estos libros son maravillosos. Ojalá los hubiese descubierto mucho antes, y ahora los estaría releyendo. No obstante, no se ha inventado nada mejor que leer por primera vez un libro y descubrir extasiado que te encanta. Es verdad aquello que dicen de "No hay muerte más noble que la del árbol que acaba en libro." Y es verdad.

"Caminaba distraídamente por el camino y de pronto lo vio.

Allí estaba el imponente espejo de mano al costado del sendero, como esperándolo.

Se acercó, lo alzó y se miró en él. Se vio bien.

No se vio tan joven, pero los años habían sido bastante bondadosos con él.

Sin embargo había algo desagradable en la imagen de sí mismo.

Cierta rigidez en los gestos lo conectaba con los aspectos más agrios de la propia historia:

La bronca,

el desprecio,

la agresión,

el abandono,

la soledad.

Sintió la tentación de llevárselo, pero rápidamente desechó esa idea.

Ya había bastantes cosas desagradables en el planeta para cargar con otra más.

Decidió irse y olvidar para siempre ese camino y ese espejo insolente.

Caminó por horas tratando de vencer la tentación de volver atrás hacia el espejo.

Ese misterioso objeto lo atraía como los imanes atraen a los metales.

Resistió y aceleró el paso.

Tarareaba canciones infantiles para no pensar en esa imagen horrible de sí mismo.

Corriendo, llegó a la casa donde había vivido desde siempre, se metió vestido en la cama

y se tapó la cabeza con las sábanas.

Ya no veía el exterior, ni el sendero, ni el espejo, ni la imagen de él mismo reflejada en el espejo;

pero no podía evitar la memoria de esa imagen:

la del resentimiento,

la del dolor,

la de la soledad,

la del desamor,

la del miedo,

la del menosprecio.

Había ciertas cosas indecibles e impensables...

....Pero él sabía dónde había empezado todo esto.

Empezó esa tarde, hace treinta y tantos años...

El niño estaba tendido, llorando frente al lago el dolor del maltrato de los otros.

Esa tarde el niño decidió borrar, para siempre, la letra del alfabeto.

Esa letra.

Esa.

La letra necesaria para nombrar al otro si está presente.

La letra imprescindible para hablarle a los demás, al dirigirles la palabra..

Sin manera de nombrarlos dejarían de ser deseados...

y entonces no habría motivo para sentirlos necesarios...

y sin motivo ni forma de invocarlos, se sentiría, por fin, libre.....


EPÍLOGO:

Escribiendo sin "U"

puedo hablar hasta el cansancio de mí,
de lo mío, del yo,
de lo que tengo,
de lo que me pertenece...

Hasta puedo escribir de él,
de ellos
y de los otros.

Pero sin "U"

no puedo hablar de ustedes,
del tú,
de lo vuestro.
No puedo hablar de lo suyo,
de lo tuyo,
ni siquiera de lo nuestro.

Así me pasa...

A veces pierdo la "U"....
y dejo de poder hablarte,
pensarte, amarte, decirte.

Sin "U" yo me quedo pero tú desapareces...
Y sin poder nombrarte,
¿cómo podría disfrutarte?

Como en el cuento... si tú no existes,
me condeno a ver lo peor de mí mismo
reflejándose eternamente,
en el mismo mismísimo tonto espejo."

martes, 19 de julio de 2011

Cerrando círculos

Mientras rebuscaba en los cajones del armario que hay en la habitación de invitados en busca de libros, he encontrado dos folios impresos, con un escrito de Paulo Coelho.

Mientras lo leía, sentado en el frío suelo de mármol, ríos de agua salada bañaban mis mejillas. Cuando terminé de leerlo, cerré los ojos y no tuve más remedio que darle la razón al gran novelista brasileño. Suspiré, me levanté torpemente y me puse a escribir ésto.


"Siempre es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida. Si insistes en permanecer en ella, más allá del tiempo necesario, pierdes la alegría y el sentido del resto. Cerrando puertas, cerrando capítulos, como quieras llamarlo. Lo importante es poder cerrarlos. Lo importante es poder dejar ir momentos de la vida que se van clausurando.

¿Terminó con su trabajo? ¿Se acabó la relación? ¿Ya no vive más en esa casa? ¿Debe irse de viaje? ¿La amistad se acabó? Puede pasarse mucho tiempo de su presente "revolcándose" en los porqués, en devolver el cassette y tratar de entender por qué sucedió tal o cuál hecho.

El desgaste va a ser infinito porque en la vida, usted, yo, su amigo, sus hijos, todos y todas estamos abocados a ir cerrando capítulos. A pasar la hoja. Al terminar con etapas o con momentos de la vida y seguir para adelante.

No podemos estar en el presente añorando el pasado. Ni siquiera preguntándonos porqué. Lo que sucedió, sucedió. Y hay que soltar, hay que desprenderse. No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas inexistentes, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros. No. ¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir!

Por eso a veces es tan importante romper fotos, quemar cartas, destruir recuerdos, regalar presentes, cambiar de casa, papeles por romper, documentos por tirar, libros por vender o regalar. Los cambios externos pueden simbolizar procesos interiores de superación. Dejar ir, soltar, desprenderse. En la vida nadie juega con las cartas marcadas y hay que aprender a perder y a ganar. Hay que dejar ir, hay que pasar la hoja, hay que vivir sólo lo que tenemos en el presente. El pasado ya pasó. No espere que le devuelvan, no espere que le reconozcan, no espere que alguna vez se den cuenta de quién es usted. Suelte.

El resentimiento, el prender su "televisor" personal para darle y darle al asunto, lo único que consigue es dañarlo mentalmente, envenenarlo, amargarlo. La vida está para adelante, nunca para atrás. Porque si usted anda por la vida dejando "puertas abiertas", por si acaso, nunca podrá desprenderse ni vivir lo de hoy con satisfacción. Noviazgos o amistades que no clausuran, posibilidades de "regresar" (¿a qué?), necesidad de aclaraciones, palabras que no se dijeron, silencios que lo invadieron. ¡Si puede enfrentarlos ya y ahora, hágalo! Si no, déjelo ir, cierre capítulos.

Dígase a usted mismo que no, que no vuelve. Pero no por orgullo ni por soberbia sino porque usted ya no encaja allí, en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en ese escritorio, en ese oficio, usted ya no es el mismo que se fue, hace dos días, hace tres meses, hace un año, por lo tanto, no hay nada a que volver.

Cierre la puerta, pase la hoja, cierre el círculo. Ni usted será el mismo ni el entorno al que regresa será igual, porque en la vida nada se queda quieto nada es estático. Es salud mental, amor por usted mismo desprender lo que ya no está en su vida.

Recuerde que nada ni nadie es indispensable. Ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo, nada es vital para vivir porque cuando usted vino a este mundo llegó sin ese adhesivo, por lo tanto es costumbre vivir pegado a él y es un trabajo personal aprender a vivir sin él, sin el adhesivo humano o físico que hoy le duele dejar ir.

Es un proceso de aprender a desprenderse y humanamente se puede lograr porque, le repito, nada ni nadie nos es indispensable. Sólo es costumbre, apego, necesidad. Pero... cierre, clausure, limpie, tire, oxigene, despréndase, sacuda, suelte...

Hay tantas palabras para significar salud mental y cualquiera que sea la que escoja, le ayudará definitivamente a seguir para adelante con tranquilidad. ¡Esa es la vida!"


Es brutalmente triste. Quizá más triste que el hecho de que Beethoven nunca pudo oír su maravillosa 9ª Sinfonía. Es tan triste,... pero tan jodidamente cierto...

lunes, 18 de julio de 2011

Historia del café

Dedicado a Aquel Que Bebe Café.

Dicen que hace muchos años un pastor de cabras de Etiopía observó que su rebaño daba muestras de una excitación inusual, saltando y brincando toda la noche. Al día siguiente observó también que las cabras comían las hojas de un arbusto en el que hasta entonces no había reparado, lo que comunicaba al rebaño un nerviosismo especial. Ni corto ni perezoso, el pastor hizo una infusión de aquellas hierbas y comprobó que no podía conciliar el sueño. Poco después, hirvió algunas semillas y, bebiendo el líquido resultante, experimentó el mismo resultado.

Un día en que las semillas se habían mojado, quiso secarlas rápidamente y las puso en una sartén que colocó sobre el fuego. Distraído, no se dio cuenta de que las semillas, color verde sucio, se tostaban y adquirían un color negro. Quiso aprovechar esas semillas tostadas, las hirvió y comprobó que el sabor mejoraba.

Un descubrimiento así no podía mantenerse en secreto, y no tenía por qué. El caso es que se fue extendiendo por Etiopía la costumbre de tostar las semillas del café y beber su infusión.

De Etiopía la costumbre pasó a Arabia, donde la bebida tomó el nombre de kawa. Algunos aseguran que por similitud con la piedra santa de La Meca llamada La Kaaba, que también es de color negro. La costumbre de tomar café fue pronto popular desde las capas más bajas de la sociedad hasta las más altas. Se extendió de tal forma que, como pasa con toda novedad, hubo quien creyó que era pecado. Generalmente, los puritanos están en contra del placer por el placer mismo, no porque sea pecado; en realidad, ven torpeza en todo aquello que produzca satisfacción. Aciertan algunas veces, pero yerran las más.

La autoridad religiosa islámica intervino para prohibir el uso del café: se desarrollaron prolijos debates, y al final se autorizó a los fieles, aunque desaconsejándolo. Como es natural, los fieles no hicieron ningún caso y no sólo continuaron tomando café, sino que inventaron la leyenda de que el propio arcángel Gabriel habría ofrecido la primera taza al profeta Mahoma, para que velase toda la noche.

En Europa, el café llegó por dos rutas: una fue por Venecia y la otra, Viena. Los mercaderes venecianos se aficionaron al café en los enclaves que poseían en el Imperio turco, y de allí se lo llevaron a la ciudad de la laguna, donde a finales del siglo XVI ya se consumía. Por otra parte, los turcos invadían Europa y llegaron a las puertas de Viena, cuando levantaron el cerco a esta ciudad dejaron abandonados centenares de sacos que un polaco llamado Kolschitzky reclamó como recompensa por un acto heroico que había realizado. Al principio, el café desagradó a los vieneses debido al poso característico del café turco, pero Kolschitzky ideó colar la infusión, modalidad que tomó el nombre de "a la vienesa".

En Venecia, donde el café se tomaba al comienzo como medicamento, alcanzó gran popularidad como digestivo, y en 1680 empezaron a aparecer en la plaza de San Marcos unas tiendecitas que expendían el negro brebaje y que, por ello, se llamaron cafés. En 1720 se abrió el café Florian, que aún existen en la plaza, a mano derecha según se mira la basílica de San Marcos. Recomiendo a todo visitante que dedique unos minutos de su tiempo, los más que pueda, a tomar un café en el Florian, decorado al estilo del siglo XVIII, y que recuerde que en aquellos sofás y en aquellas banquetas se sentaron personajes como Wagner, Dostoievsky, lord Byron, Marcel Proust, Alfred de Musset, George Sand, Stranvinsky, Tchaikovsky y tantos y tantos más.

En España, el café tuvo que competir con la moda del chocolates y con las prevenciones que los médicos manifestaban hacia el negro líquido.

A este respecto, bueno será recordar la conocida respuesta que el escritor francés Fontenelle dio a un amigo que le advertía que el café era un veneno lento:
- Puede ser, porque hace ochenta años que lo tomo y no he muerto todavía.
Recordemos que Fontenelle murió un mes antes de cumplir el siglo.

En España es popular el café con leche, brebaje híbrido popularizado por los funcionarios. No sé por qué, pero cuando estoy en Madrid y veo un café con leche en la mesa de un consumidor, me digo inmediatamente que debe prestar sus servicios en algún ministerio. También es curioso que para pedir un café en la Villa y Corte se tenga que añadir la palabra "solo" porque, si no, sin consultarte, te lo sirven con leche.

Tan importante como la invención del café ha sido la de los cafés, centros de tertulia, reunión y conversación que van desapareciendo por no ser rentables. Había quien pasaba tres o cuatro horas ocupando una silla en unos de esos establecimientos por el simple importe de un café. Los cafés se ven sustituidos por bancos, por fábricas de hamburguesas plásticas o por servicios de fast food que impiden la conversación y el paladeo; es decir, que favorecen el paso de la humanidad de la civilización a la barbarie.

Los cafés han sido siempre centros en los que se podían contemplar los especímenes más raros de la fauna humana. En un desaparecido establecimiento de Barcelona, conocí a un señor que se hacía servir el café y lo sorbía con una pajilla y acompañaba con aceitunas rellenas. En parís es célebre el caso de cierto cliente de uno de los mejores cafés de un céntrico bulevar, que, después de tomarse el café, pedía dos helados: uno de frambuesa y otro de vainilla. Vertía el helado de frambuesa en su bota derecha, el de vainilla en su bota izquierda y salía. Eso todos los días del año.

Extrañará al lector que no hable del café americano, pero la planta fue llevada al Nuevo Mundo por los europeos. Hoy el café del Brasil, Colombia, etc., ha invadido todos los mercados, pero no se olvide que por doquier es sinónimo de café la palabra "moka", nombre de una ciudad de Arabia.

El café se ha extendido por todo el mundo. En Inglaterra se prefiere el té, lo que probando el café inglés se comprende fácilmente. Yo, por mi parte, me apunto al café italiano o al que, en el bar del Ateneo Barcelonés, me preparan mis amigos Jaume y Jordi Teixidor.

Quien quiera conocer la técnica del café y sus intríngulis, así como su evolución desde los tiempos más antiguos hasta nuestros días, que lea El libro del amante del café, de Michel Vanier (Ed. Olañeta, 1983). Podrá pasar un buen rato y recordar, si tiene algunos años, a los mozos de los almacenes de comestibles que, en la acera, frente a sus establecimientos, tostaban el café a la vista del público.


Extraído de Historias de la Historia, Tercera serie, de Carlos Fisas (Ed. Planeta, 1985). Espero que te guste.

martes, 12 de julio de 2011

Música


- ¿Le gusta la música, señor Finch?
- Ah, esa música.
- Sí, su música.


Ahora me dedico a escuchar todas las canciones que debiste enseñarme, que debiste dedicarme y no lo hiciste: Lori Meyers, Love of Lesbian, La Habitación Roja, Iván Ferreiro... También me estoy renovando en Vetusta Morla, Extremoduro, Supersubmarina y demás. Es realmente maravilloso.

Es el momento del cambio, no puedo quedarme atrás. Han pasado 10 días, he tardado 10 días en resucitar. Habría tardado 3, pero no soy Jesucristo, así que mi humanidad me ha retrasado una semana más.

Ahora soy consciente de muchas cosas. Una persona con la que no puedes compartir películas tan importantes como "Mi Vida sin mí" o "La Vida Secreta de las Palabras" carece de los medios para mantener un nivel culturo-emocional relevante. Son obras de gran carga cuasi poética, con un gran lastre sentimental. Ahora comprendo todo aquello que no comprendí cuando debía haberlo comprendido.

Aún así, sigo siendo la mitad, la mitad de lo que puedo llegar a ser. He emprendido un nuevo camino. Ya es hora de dejar de ponerme máscaras para agradar. Es hora de mirar de cara al Sol, mostrar mi verdadero rostro al mundo.

Mis ojos terrosos, grandes, se asoman entre un marjal de pestañas de azabache, y te miran fijamente. Mis cejas, ligeramente asimétricas dan esa expresión de escepticismo que tanto odias. Mi pelo, plumas de cuervo, sigue alborotado y se llega a mezclar con mi barba, espesa y oscura como el carbón. Mis labios carnosos esbozan una sonrisa torva y ladeada entre mi barba y mi tez morena por el Sol. Si levantas la mirada y la cruzas con la mía, verás dos puertas redondas, negras como la noche. Si cruzas el umbral, verás que ya nada es igual. Mi alma, vieja y cansada decidió consumirse en las llamas para renacer, una vez más, de sus cenizas.

Feci ha muerto. ¡Larga vida a Fex!

Y todo ha sido gracias a la Música. Ahora entiendo "Vivo por ella" de Marta Sánchez.

jueves, 7 de julio de 2011

El Cuervo

Una vez, al filo de una lúgubre media noche,
mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido,
inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia,
cabeceando, casi dormido,
oyóse de súbito un leve golpe,
como si suavemente tocaran,
tocaran a la puerta de mi cuarto.
“Es —dije musitando— un visitante
tocando quedo a la puerta de mi cuarto.
Eso es todo, y nada más.”

¡Ah! aquel lúcido recuerdo
de un gélido diciembre;
espectros de brasas moribundas
reflejadas en el suelo;
angustia del deseo del nuevo día;
en vano encareciendo a mis libros
dieran tregua a mi dolor.
Dolor por la pérdida de Leonora, la única,
virgen radiante, Leonora por los ángeles llamada.
Aquí ya sin nombre, para siempre.

Y el crujir triste, vago, escalofriante
de la seda de las cortinas rojas
llenábame de fantásticos terrores
jamás antes sentidos. Y ahora aquí, en pie,
acallando el latido de mi corazón,
vuelvo a repetir:
“Es un visitante a la puerta de mi cuarto
queriendo entrar. Algún visitante
que a deshora a mi cuarto quiere entrar.
Eso es todo, y nada más.”

Ahora, mi ánimo cobraba bríos,
y ya sin titubeos:
“Señor —dije— o señora, en verdad
vuestro perdón imploro,
mas el caso es que, adormilado
cuando vinisteis a tocar quedamente,
tan quedo vinisteis a llamar,
a llamar a la puerta de mi cuarto,
que apenas pude creer que os oía.”
Y entonces abrí de par en par la puerta:
Oscuridad, y nada más.

Escrutando hondo en aquella negrura
permanecí largo rato, atónito, temeroso,
dudando, soñando sueños que ningún mortal
se haya atrevido jamás a soñar.
Mas en el silencio insondable la quietud callaba,
y la única palabra ahí proferida
era el balbuceo de un nombre: “¿Leonora?”
Lo pronuncié en un susurro, y el eco
lo devolvió en un murmullo: “¡Leonora!”
Apenas esto fue, y nada más.

Vuelto a mi cuarto, mi alma toda,
toda mi alma abrasándose dentro de mí,
no tardé en oír de nuevo tocar con mayor fuerza.
“Ciertamente —me dije—, ciertamente
algo sucede en la reja de mi ventana.
Dejad, pues, que vea lo que sucede allí,
y así penetrar pueda en el misterio.
Dejad que a mi corazón llegue un momento el silencio,
y así penetrar pueda en el misterio.”
¡Es el viento, y nada más!

De un golpe abrí la puerta,
y con suave batir de alas, entró
un majestuoso cuervo
de los santos días idos.
Sin asomos de reverencia,
ni un instante quedo;
y con aires de gran señor o de gran dama
fue a posarse en el busto de Palas,
sobre el dintel de mi puerta.
Posado, inmóvil, y nada más.

Entonces, este pájaro de ébano
cambió mis tristes fantasías en una sonrisa
con el grave y severo decoro
del aspecto de que se revestía.
“Aun con tu cresta cercenada y mocha —le dije—,
no serás un cobarde,
hórrido cuervo vetusto y amenazador.
Evadido de la ribera nocturna.
¡Dime cuál es tu nombre en la ribera de la Noche Plutónica!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

Cuánto me asombró que pájaro tan desgarbado
pudiera hablar tan claramente;
aunque poco significaba su respuesta.
Poco pertinente era. Pues no podemos
sino concordar en que ningún ser humano
ha sido antes bendecido con la visión de un pájaro
posado sobre el dintel de su puerta,
pájaro o bestia, posado en el busto esculpido
de Palas en el dintel de su puerta
con semejante nombre: “Nunca más.”

Mas el Cuervo, posado solitario en el sereno busto.
las palabras pronunció, como virtiendo
su alma sólo en esas palabras.
Nada más dijo entonces;
no movió ni una pluma.
Y entonces yo me dije, apenas murmurando:
“Otros amigos se han ido antes;
mañana él también me dejará,
como me abandonaron mis esperanzas.”
Y entonces dijo el pájaro: “Nunca más.”

Sobrecogido al romper el silencio
tan idóneas palabras,
“sin duda —pensé—, sin duda lo que dice
es todo lo que sabe, su solo repertorio, aprendido
de un amo infortunado a quien desastre impío
persiguió, acosó sin dar tregua
hasta que su cantinela sólo tuvo un sentido,
hasta que las endechas de su esperanza
llevaron sólo esa carga melancólica
de ‘Nunca, nunca más’.”

Mas el Cuervo arrancó todavía
de mis tristes fantasías una sonrisa;
acerqué un mullido asiento
frente al pájaro, el busto y la puerta;
y entonces, hundiéndome en el terciopelo,
empecé a enlazar una fantasía con otra,
pensando en lo que este ominoso pájaro de antaño,
lo que este torvo, desgarbado, hórrido,
flaco y ominoso pájaro de antaño
quería decir granzando: “Nunca más.”

En esto cavilaba, sentado, sin pronunciar palabra,
frente al ave cuyos ojos, como tizones encendidos,
quemaban hasta el fondo de mi pecho.
Esto y más, sentado, adivinaba,
con la cabeza reclinada
en el aterciopelado forro del cojín
acariciado por la luz de la lámpara;
en el forro de terciopelo violeta
acariciado por la luz de la lámpara
¡que ella no oprimiría, ¡ay!, nunca más!

Entonces me pareció que el aire
se tornaba más denso, perfumado
por invisible incensario mecido por serafines
cuyas pisadas tintineaban en el piso alfombrado.
“¡Miserable —dije—, tu Dios te ha concedido,
por estos ángeles te ha otorgado una tregua,
tregua de nepente de tus recuerdos de Leonora!
¡Apura, oh, apura este dulce nepente
y olvida a tu ausente Leonora!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Profeta!” —exclamé—, ¡cosa diabólica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio
enviado por el Tentador, o arrojado
por la tempestad a este refugio desolado e impávido,
a esta desértica tierra encantada,
a este hogar hechizado por el horror!
Profeta, dime, en verdad te lo imploro,
¿hay, dime, hay bálsamo en Galaad?
¡Dime, dime, te imploro!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Profeta! —exclamé—, ¡cosa diabólica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio!
¡Por ese cielo que se curva sobre nuestras cabezas,
ese Dios que adoramos tú y yo,
dile a esta alma abrumada de penas si en el remoto Edén
tendrá en sus brazos a una santa doncella
llamada por los ángeles Leonora,
tendrá en sus brazos a una rara y radiante virgen
llamada por los ángeles Leonora!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Sea esa palabra nuestra señal de partida
pájaro o espíritu maligno! —le grité presuntuoso.
¡Vuelve a la tempestad, a la ribera de la Noche Plutónica.
No dejes pluma negra alguna, prenda de la mentira
que profirió tu espíritu!
Deja mi soledad intacta.
Abandona el busto del dintel de mi puerta.
Aparta tu pico de mi corazón
y tu figura del dintel de mi puerta.
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

Y el Cuervo nunca emprendió el vuelo.
Aún sigue posado, aún sigue posado
en el pálido busto de Palas.
en el dintel de la puerta de mi cuarto.
Y sus ojos tienen la apariencia
de los de un demonio que está soñando.
Y la luz de la lámpara que sobre él se derrama
tiende en el suelo su sombra. Y mi alma,
del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo,
no podrá liberarse. ¡Nunca más!

domingo, 19 de junio de 2011

Descripciones

Algunas cosas en la vida suceden de forma inesperada. Una llamada, una cara de asombro, una sonrisa. Son ese tipo de cosas.

La luz se filtra a través de las pequeñas rendijas de las persianas venecianas. La mayor parte del cuarto está a unos 24 ºC, exceptuando una zona que alcanza un pico máximo de 37ºC. A lo lejos, se oyen las conversaciones de los vecinos, y alguna canción en la radio. Nada más.

Duermes, cubierto únicamente por la sábana. Se puede apreciar tu espalda entre los pliegues caprichosos de la tela que te separa ínfimamente de la desnudez. Te miro en la penumbra de la habitación. No sé reconocer si estoy despierto o soñando. Me mantengo de pie, a un metro de tu piel, observándote mientras respiras pausadamente, una vez cada 5 segundos exactamente. Tu respiración es muy uniforme cuando duermes.

Vuelvo al sofá. La resaca, como buena amiga que es, no me abandona. Sin hambre ninguna, empiezo a escribir esto. Mis dedos se deslizan de la manera más elegante posible por las teclas de tu portátil. Pienso en todas las cosas que dije anoche. En todas las que nos dijimos. No he sido justo contigo. No era algo que necesitabas oír, yo era el único que necesitaba decirlo.

Apoyo mis pies en el suelo. Está agradablemente frío. Me dispongo a volver a tus labios, a tus brazos y a tus besos. Los disfruto tanto. Y los anhelo.

Nada más llegar, te percatas de mi presencia. Me sonríes con los ojos cerrados, medio dormido aún por la resaca que también padeces. Esa sonrisa... la misma que hace un año. Igual de mágica, igual de especial. Con una diferencia: esta vez, es solo para mí. Me acurruco entre tus brazos y tus piernas. Me llamas por el apodo que solo tú utilizas. Nos besamos. Dormimos

domingo, 12 de junio de 2011

Miedo

Ya es casi una semana con malos sueños. Estoy preocupado, mi subconsciente me avisa de ello.

No hay nada como tener algo para temer perderlo.

Mientras no lo tienes, lo deseas. Pero no tienes nada que perder. Cuando lo posees, en vez de alegrarte y de disfrutar con su presencia, sientes un miedo atroz a perderlo.

La distancia, las canciones y en general, el resto del planeta no ayudan a mitigar ese indescriptible miedo. Es un miedo irracional, como todos los miedos. No tiene razón de existir, pero el muy cabrón se niega a desaparecer.

Habrá que hacer algo.

lunes, 6 de junio de 2011

Eppur si muove

22 de Junio de 1633, Roma, en el convento de Santa Maria sopra Minerva, es decir, "la Virgen María sobre Minerva", el Cristianismo sobre el Paganismo. Frente al tribunal de la Santa Inquisición, en cuya cabeza está el cardenal Roberto Belarmino, se encuentra sentado un hombre de 68 años, viejo, cansado y fatigado. Su nombre, Galileo Galilei.

Se le condena a cadena perpetua, a menos que abjure de sus ideales heréticos. El anciano, agacha la cabeza, abjura y se le conmuta su pena por arresto domiciliario de por vida.

Se dice que al abandonar la sala, mientras caminaba hacia el umbral, dijo en voz baja "e pur si muove", "y, sin embargo, se mueve".

Galileo Galilei había publicado hacia 1616 unos trabajos en los que decía que el Sol era el centro del Sistema Solar, y no La Tierra, como se pensaba hasta ese entonces. Validaba las teorías Copernicanas con sus propias observaciones, dando forma al modelo Heliocéntrico.

Estos escritos no tuvieron buena acogida entre los altos cargos de los Jesuitas. El Papa Pablo V ratifica la condena de sus escritos, y son retirados. Años más tarde, el nuevo Papa, Urbano VIII, debe sacrificar su amistad con Galileo para salvar su cuello ante los mastines de San Ignacio de Loyola.

La frase en cuestión, lo más probable es que Galileo no la dijese nunca. No podía arriesgarse a ir a la cárcel. La frase simboliza la perseverancia de los que defienden la Verdad frente a la sinrazón, el obcecado desatino de todos aquellos que temen a ésta.

Todas aquellas personas que se consideran científicos deben saber ver sin ningún velo delante de los ojos, para poder discernir entre lo que es verdadero y lo que sólo lo parece. Los defensores de la Verdad nunca cejarán en su empeño de esparcirla, de esturrearla por todos los lugares. Las semillas de la Verdad arraigan hasta en las zonas más áridas, y florecen en las mentes y en los corazones de los hombres que saben apreciar esos frutos, tan dulces en la boca y tan amargos en las entrañas.

La Verdad siempre estará de nuestra parte. Nunca podrán pararnos, pues la Verdad es eterna.

El 31 de Octubre de 1992, 349 años, 4 meses y 9 días después de haber sido condenado, Galileo Galilei es rehabilitado por el Papa Juan Pablo II, que pide perdón por el juicio al gran astrónomo. Es la primera vez en la Historia que la Iglesia pide disculpas y reconoce haberse equivocado.

Revelación

Más de la 1 de la mañana. Lugar, mi cuarto. Leo 2 blogs de gente cercana. Tengo una revelación.

-Fernando, eres un maldito egoísta de mierda. ¡Anda, tira y arregla el estropicio que has montado!
-No sé qué hacer.
-¡Me da igual! ¡Tú arréglalo!

Ya va siendo hora de hacer las cosas bien, Davoléf.

domingo, 5 de junio de 2011

Carta

Algunas veces, escribo cartas sin intención de enviarlas. Son cartas en sobres negros, sin destinatario, ni remitente, ni sello. Son sobres que echo al correo sin ninguna pretensión. Su destino, como tantísimas cosas en esta vida, lo ignoro y me trae sin cuidado.

Esta carta no tiene sello, sin embargo, sí tiene destinatario y remitente. El remitente, obviamente es un servidor. El destinatario, se llama Nicolás.

Querido Nicolás:

Hace tiempo que no hablaba contigo. Por lo que sé, te has convertido en un chico de armas tomar. En aspecto, no has cambiado sustancialmente; pero tu vida interior ha dado un giro de 180 grados sexagesimales.

Creo que ya no vas con la misma gente, ahora tienes otros amigos. Ni vas tampoco a los mismos bares. Ya no bebes Martini seco ni Vodka, sino que te conformas con unos pocos tragos de cerveza al mes. En estos momentos, te imagino apoyado en el balcón de tu casa, fumándote un cigarrillo mientras ves algunos coches pasar unos metros más abajo. Llevas sólo un pijama de manga corta, y aunque tienes un poco de frío, no te importa, pues estás en comunión con la noche.

Sé que ahora haces cosas extrañas. No son ilegales, ni inmorales. Pero son extrañas. Siempre me fascinó tu forma de pensar. A veces eres frío y distante, y otras veces eres cercano y cálido. Ojalá pudiera comprenderte. Haces cosas sinsentido. Quizá es por lo que sientes. También me gustaría saber qué es lo que pasa por tu mente y corazón para hacer lo que a veces haces. No siempre eres un ser lógico, y eso me desconcierta terriblemente.

Me gustaría estar ahí para poder ayudarte, de verdad. Pero sé que no puedo. Sé que no puedo introducirme en tu mente o en tu corazón y comprender qué es lo que pasa ahí dentro para poder ayudarte. Es inútil. Me quedaré aquí sentado, esperando a que decidas decirme qué piensas, y qué piensas hacer. Mucha gente depende de ti. Bueno, quizá no mucha, pero bastante. Tienes mucho poder, ¿sabes? Puedes hacerme feliz, a mí y a otros. Y puedes hacernos muy desdichados, incluido tú mismo. Pero me temo que vas a escoger la opción incorrecta.

Te conozco desde hace bastantes años. Siempre has sido importante para mí. Un amigo, un confidente, incluso un hermano. No obstante, ya no puedo considerarte como tal. Desde hace un tiempo te has convertido en una persona completamente diferente. Ni yo mismo te reconozco. Dudo que aún puedas ponerte frente a un espejo y reconocerte. ¿Qué te ha pasado? ¿Qué te ha pasado?

Tú... Tú ya no eres tú. Eres mucho peor.


Con el afecto que siempre te profesé y que nunca conociste,

Davoléf

miércoles, 25 de mayo de 2011

Épico

Ego in crescendo.

Pero una pasá. Un pasote.

Has despertado a un gigante dormido.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Victoria

Dicen que he ganado.

Pero, ¿por qué no tengo esa sensación?

Es tu momento para ser feliz. Aprovéchalo.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Sensaciones

Nunca me había sentido así.

Por un lado, estoy lleno de arrepentimiento, y vergüenza hacia mí mismo. No es fácil describirlo. Sé cuánto mal he hecho. Y lo he hecho a conciencia. Sin darme cuenta, he sido ejecutor de la mayor maldad y muestra de crueldad que he tenido el dudoso honor de hacer. Y sin embargo, ni siquiera era a una persona que se lo mereciese.

Por otro lado, siento alivio. Un alivio indescriptible. Como si el peso que ahora soporta mi corazón fuese una pluma en comparación con la carga que soportaba antes. En ciertos aspectos, es una liberación de mis exiguas obligaciones y un buen momento para reunir fuerzas y hacer lo que de verdad me gusta.

Y entre medias, en las sombras, me siento tremendamente orgulloso de haber sido capaz de tanta malicia. Ha sido una obra grandiosamente malvada, pero grandiosa a fin de cuentas.

Así que me encuentro en una encrucijada de sentimientos, que aunque la mayoría los había sentido por separado, nunca los tres juntos. Es digno de mención y estudio.

Lo que más me sorprende de todo es que parecen anularse mutuamente, y ahora mismo, los saludo con la mano mientras pasan de largo.

Menos mal que sólo falta mes y medio. Gracias a Dior.

martes, 3 de mayo de 2011

Artistas

Un poco hartito de los artistas. De no comprenderos.

Me voy a mis ecuaciones, a mis reacciones y a mi mundo inerte. Ése nunca me falla, nunca es incomprensible, siempre tiene lógica y no me trae quebraderos de cabeza, bueno, sólo unos pocos.

Me sangran las yemas de los dedos, de todo lo que me muerdo las uñas. No se puede seguir así.

En la recta final, y parece que el camino está lleno de obstáculos. Dejando el estudio, el trabajo y las decisiones para el día siguiente. Y así, semanas. No se puede seguir así.

Poesía, poesía. Necesito un buen libro, pero ya.

sábado, 9 de abril de 2011

Graná

Sería capaz
de cambiar el calendario lunar
para verte aquí en Granada un día más

Podría llegar
a escalar esta montaña polar
y a tu lado aterrizar
ver veletas acromontes sin mirar

Podría viajar
a Granada en mi nave espacial
y el paseo de los tristes alegrar
si te pones a bailar
las estrellas nos alambran al pasar

Siendo tan pequeño el universo como pudiste caber allí
siendo tan eterno este momento como me voy a querer morir
para quedarme sin ti

Y bailar con la muerte no es buen plan
yo prefiero que me mates tú a bailar
y bailar con la muerte no es buen plan
yo prefiero que me mates tú a bailar
y bailar con la muerte no es buen plan
yo prefiero que me mates tú a bailar.

viernes, 28 de enero de 2011

Reflote


¡Qué fácil es hacerme feliz! Me salen bien dos exámenes y me siento como un niño con zapatos nuevos.

Ahora, toca ponerse con Streptococcus, Rickettsia, Bacillus, Helicobacter, Escherichia, Listeria, Shigella, Streptomyces, Myxococcus, Salmonella, Treponema, Staphylococcus, Vibrio, Clostridium, Mycobacterium, Chlamydomonas, Xantomonas, Pyrococcus, Thermus, Saccaromyces,...

Micromundo Infernal.

jueves, 20 de enero de 2011

Fracaso


La victoria no necesita explicación.

La derrota no la contempla.