lunes, 22 de agosto de 2011

Abstracción

Ésto está escrito en los Días Aciagos. No refleja mi actual estado de ánimo, pero como creo que es un texto bastante logrado por mi escasa capacidad, considero que no está de más ponerlo aquí. Disfrutadlo si podéis.

Me estoy convirtiendo en una abstracción, en una idea. Hace meses que perdí mi individualidad, me convertí en un parásito, cuando lo idóneo era una relación de mutualismo. Siempre renegué el ser una mitad que espera ser un todo, pero las ironías de la vida me llevaron a ser eso, una mitad de un todo y medio. Ahora, soy únicamente una mitad, que va poco a poco desintegrándose y reduciéndose a la nada.

Tengo todo lo que podría desear, exceptuando aquello que deseo más fervientemente. Así que continúan las ironías. Es una jugada cruel del Destino, pero a fin de cuentas, me lo tengo bien merecido. Por eso mismo, no lamento excesivamente mi situación. Sólo señalo el estado de la misma y hago un ejercicio de capacidad mental para buscar una solución que me lleve a salir de este pozo sin fondo en el que no paro de caer.

Me abstraigo. Mi individualidad, largo tiempo perdida era necesaria para ser yo mismo, y ahora, empiezo a perder mi ser, mi yo. Las canas se multiplican entre mis cabellos azabache y mis ojos vidriosos no aspiran sino a ser mar. Mi cuerpo adolece, como mi alma. Noto mi corazón cada día latir más fuerte, como si quisiera infundir algo de energía a esta vida que se va lentamente. Mi estómago ya no conoce el hambre ni la sed. Mis piernas no padecen el cansancio, mi rostro no siente la brisa marina y mi cerebro no nota el sueño. Cada uno de mis órganos pierden sus correspondientes ansias de seguir funcionando, excepto mis manos. Mis dedos, el dorso y la palma de mis manos siguen exigentes, deseosas y anhelantes de tocar tu piel una vez más. Cada día el recuerdo del roce de tu epidermis es más esquivo y me temo que un día será imposible evocarlo y quede condenado a una lenta decadencia y muerte.

He llegado a un extremo de dependencia insano. Probablemente me cueste la vida, pero no creo que sea un precio muy alto por haberte conocido. Lo pagaré gustosamente.

2 comentarios: