Algunas veces, escribo cartas sin intención de enviarlas. Son cartas en sobres negros, sin destinatario, ni remitente, ni sello. Son sobres que echo al correo sin ninguna pretensión. Su destino, como tantísimas cosas en esta vida, lo ignoro y me trae sin cuidado.
Esta carta no tiene sello, sin embargo, sí tiene destinatario y remitente. El remitente, obviamente es un servidor. El destinatario, se llama Nicolás.
Esta carta no tiene sello, sin embargo, sí tiene destinatario y remitente. El remitente, obviamente es un servidor. El destinatario, se llama Nicolás.
Querido Nicolás:
Hace tiempo que no hablaba contigo. Por lo que sé, te has convertido en un chico de armas tomar. En aspecto, no has cambiado sustancialmente; pero tu vida interior ha dado un giro de 180 grados sexagesimales.
Creo que ya no vas con la misma gente, ahora tienes otros amigos. Ni vas tampoco a los mismos bares. Ya no bebes Martini seco ni Vodka, sino que te conformas con unos pocos tragos de cerveza al mes. En estos momentos, te imagino apoyado en el balcón de tu casa, fumándote un cigarrillo mientras ves algunos coches pasar unos metros más abajo. Llevas sólo un pijama de manga corta, y aunque tienes un poco de frío, no te importa, pues estás en comunión con la noche.
Sé que ahora haces cosas extrañas. No son ilegales, ni inmorales. Pero son extrañas. Siempre me fascinó tu forma de pensar. A veces eres frío y distante, y otras veces eres cercano y cálido. Ojalá pudiera comprenderte. Haces cosas sinsentido. Quizá es por lo que sientes. También me gustaría saber qué es lo que pasa por tu mente y corazón para hacer lo que a veces haces. No siempre eres un ser lógico, y eso me desconcierta terriblemente.
Me gustaría estar ahí para poder ayudarte, de verdad. Pero sé que no puedo. Sé que no puedo introducirme en tu mente o en tu corazón y comprender qué es lo que pasa ahí dentro para poder ayudarte. Es inútil. Me quedaré aquí sentado, esperando a que decidas decirme qué piensas, y qué piensas hacer. Mucha gente depende de ti. Bueno, quizá no mucha, pero bastante. Tienes mucho poder, ¿sabes? Puedes hacerme feliz, a mí y a otros. Y puedes hacernos muy desdichados, incluido tú mismo. Pero me temo que vas a escoger la opción incorrecta.
Te conozco desde hace bastantes años. Siempre has sido importante para mí. Un amigo, un confidente, incluso un hermano. No obstante, ya no puedo considerarte como tal. Desde hace un tiempo te has convertido en una persona completamente diferente. Ni yo mismo te reconozco. Dudo que aún puedas ponerte frente a un espejo y reconocerte. ¿Qué te ha pasado? ¿Qué te ha pasado?
Creo que ya no vas con la misma gente, ahora tienes otros amigos. Ni vas tampoco a los mismos bares. Ya no bebes Martini seco ni Vodka, sino que te conformas con unos pocos tragos de cerveza al mes. En estos momentos, te imagino apoyado en el balcón de tu casa, fumándote un cigarrillo mientras ves algunos coches pasar unos metros más abajo. Llevas sólo un pijama de manga corta, y aunque tienes un poco de frío, no te importa, pues estás en comunión con la noche.
Sé que ahora haces cosas extrañas. No son ilegales, ni inmorales. Pero son extrañas. Siempre me fascinó tu forma de pensar. A veces eres frío y distante, y otras veces eres cercano y cálido. Ojalá pudiera comprenderte. Haces cosas sinsentido. Quizá es por lo que sientes. También me gustaría saber qué es lo que pasa por tu mente y corazón para hacer lo que a veces haces. No siempre eres un ser lógico, y eso me desconcierta terriblemente.
Me gustaría estar ahí para poder ayudarte, de verdad. Pero sé que no puedo. Sé que no puedo introducirme en tu mente o en tu corazón y comprender qué es lo que pasa ahí dentro para poder ayudarte. Es inútil. Me quedaré aquí sentado, esperando a que decidas decirme qué piensas, y qué piensas hacer. Mucha gente depende de ti. Bueno, quizá no mucha, pero bastante. Tienes mucho poder, ¿sabes? Puedes hacerme feliz, a mí y a otros. Y puedes hacernos muy desdichados, incluido tú mismo. Pero me temo que vas a escoger la opción incorrecta.
Te conozco desde hace bastantes años. Siempre has sido importante para mí. Un amigo, un confidente, incluso un hermano. No obstante, ya no puedo considerarte como tal. Desde hace un tiempo te has convertido en una persona completamente diferente. Ni yo mismo te reconozco. Dudo que aún puedas ponerte frente a un espejo y reconocerte. ¿Qué te ha pasado? ¿Qué te ha pasado?
Tú... Tú ya no eres tú. Eres mucho peor.
Con el afecto que siempre te profesé y que nunca conociste,
Davoléf
Davoléf

Parece el típico ser desequilibrado que me encantaría conocer. Ya estás tardando en presentármelo.
ResponderEliminar