viernes, 31 de diciembre de 2010
Pasar página
Yo pienso empezar el 2011 igual que acabaré el 2010: con la boca llena de uvas porque nunca me da tiempo a tragarlas todas conforme voy masticando.
Dentro de unas 12 horas escucharemos la frase que se dice en España por más personas al mismo tiempo: "¡Fgeiz agfño fuevoooo!" (modo 6 uvas en la boca) y la segunda más dicha: "¡Estos son los cuartos!".
Me auguro un 2011 bastante sencillo, parecido al 2010, exceptuando algunos detalles de vital importancia. No pienso hacer balance completo, pero no ha sido un mal 2010. Tampoco voy a hacer una lista de propósitos de año nuevo, porque carece de utilidad práctica y sé que no los voy a cumplir.
Toca pasar página. El año se acaba y no hay nada que hacer. Nos veremos en el 2011. Ya queda menos...
¡Feliz año nuevo!
viernes, 17 de diciembre de 2010
Por eso
lunes, 13 de diciembre de 2010
Creo que has cometido un gran error, y lo lamentarás.
¿Sabes? Ahora quizá pienses que has hecho lo correcto y que a la larga es lo mejor, para los dos, pero no es así.
Te estrellarás y estaré ahí para verlo. Y no te tenderé una mano, sino que te patearé en el suelo.
domingo, 5 de diciembre de 2010
Decídete
Decídete.
No pienso aceptar dudas o vaguedades. Si de verdad es amor lo que sientes, dilo, a la cara, sin pestañear, sintiéndolo con fuerza. Pero no puedes querer a alguien a quien no conoces, así que te voy a poner unas cosas sobre mí, y así, si quieres, puedas quererme.
Esta puede que sea la primera autobiografía que escriba, y quizá la última, y es a mis 21 años. Nací en Cartagena, en un caluroso Septiembre de 1989. Mi madre es una gran mujer, profesora, de una gran cultura, mucha paciencia y todavía más corazón. Mi padre es un hombre despreocupado, afable y muy inteligente. Un hombre curioso y muy apañado. Al principio, les desdeñaba a los dos, pero ojalá de mayor sea la mitad de grandes que han sido ellos, porque eso ya sería el mayor de mis éxitos.
Me dieron una educación de la que a veces reniego, pero cuando conoces a más gente por el mundo, te das cuenta de que muchas veces, esas personas tienen una educación deficiente en lo básico, ser educado. Cuando tenía 5 años, aprendí a leer y a escribir, me encantaban las plantas, incluso me fascinaban. Estaba siembre con las rodillas manchadas de tierra y barro. Me aprendía las fechas de floración y los nombres en latín de algunas de ellas, siendo el gladiolo mi flor preferida. Mi documental favorito, “La vida privada de las plantas” de David Attemborough, un grandísimo divulgador científico, que en paz descanse.
Cuando entré en el colegio, era un niño bastante travieso, y recuerdo haberme metido en peleas, pero, ¿quién no ha sido así? A los 6 años conocí a un chico, que sería mi gran amigo durante casi 10 años, aunque al final terminaríamos sin poder vernos. ¿Por qué? Creí que me había enamorado de él, el primer gran error de mi vida. Siempre se metían conmigo porque estaba entrado en carnes, y creo que aún arrastro ese trauma.
Más tarde, pasé a otro colegio, concertado. La gente con la que no podía ni verme, ahora son mis mejores amigos, con los que juego al mus y bebo cerveza. Cómo cambian las cosas a veces. Siempre fui un alumno modelo, de buen comportamiento aunque algo hablador. Siempre tuve una gran curiosidad por cualquier cosa y siempre estaba dispuesto a aprender. Mi fascinación por la vida animal y vegetal fue sustituida por mi afición a la Historia, que aún sigue ahí, aunque en segundo plano.
A los 14 años, me percaté que lo que me gustaban eran los chicos, no las chicas. Fueron un par de años difíciles, aunque no bajase mi rendimiento académico. Me fui rebelando contra mis padres, amigos, y todo porque me sentía incomprendido. Pronto, todo el mundo sabía que yo era gay, aunque no podían demostrarlo.
Cuando tenía 16 años, besé a un chico por primera vez. No fue una gran primera vez, pero al menos, hubo una primera vez. Más adelante, también tuve sexo con él, y ahí empezó mi vorágine. Se sucedieron amores y desamores, hasta que cuando cumplí 18 años, marché a Madrid a estudiar Ingeniería Industrial.
Los dos años en Madrid fueron un paréntesis en mi vida modélica. Sexo, alcohol, fiestas y dormir hasta la tarde se sucedían, a la vez que suspendía. Mis malos resultados y mi descontrol me llevaron de vuelta a Murcia.
Con escepticismo, empecé Biotecnología, y al poco me enganchó. Adoro esta carrera, y es realmente fascinante. Más aún que mi amada Historia. Esta carrera se escribe, día a día, segundo a segundo. Y la escribimos nosotros, con nuestra sangre, nuestro sudor y nuestras lágrimas.
Como persona, soy arrogante, orgulloso, altivo y vanidoso. Me gusta tener la última palabra y llevar siempre la razón. Tiendo a considerar que tengo un intelecto privilegiado y por ello, que mis razonamientos son los correctos, y los de los demás, erróneos. Me gusta emplear un lenguaje a veces culto y recargado para diferenciarme del resto. No me siento igual, y a veces pienso que estoy destinado a algo grande, aunque desconozca a qué. Suelo decir lo que pienso, y muy pocas veces deniego la ayuda a quien me lo pide. Me frustro si alguien me supera en algo y me deleito pensando y maquinando planes que no llegarán a ningún puerto.
Soy reservado y a veces, antipático. Me gusta ayudar, sentirme el centro de atención y llevar la voz cantante en muchos asuntos. Estar en el medio. Sentirme el protagonista. Mi lengua me pierde, porque suelo decir lo que pienso, sea lo que sea, y muchas veces, digo lo que no conviene, creo lo que no veo y juzgo lo que no comprendo.
En el amor, soy poco cariñoso, de ahí que una muestra de cariño sea muy valiosa. No sé dar abrazos sinceros y en general, no funciono bien en pareja, ya que siempre he sido un niño solitario, que jugaba solo por no tener hermanos ni primos de mi edad. Mi risa siempre ha sido estridente y estentórea, a la par que sincera y clara. Se me marca profundamente en los ojos y las mejillas.
Si me gusta un libro o una película, lo leo o la veo hasta la saciedad, muchas veces. Lo mismo me pasa con las canciones. Hasta aprenderme fragmentos enteros, de diálogos sobre todo. Me encanta el cine de animación, porque suele hacerme reír, algo que valoro tanto en una película como en una persona.
Podría escribir más, pero creo que por el momento, esto es todo lo que necesitas conocer sobre mí.
miércoles, 1 de diciembre de 2010
El valor del dinero
Puedes comprar la compañía, pero no la Amistad.
Puedes comprar el sexo, pero no el Cariño.
Puedes comprar arte, pero no la Belleza.
Puedes comprar una sonrisa, pero no la Alegría.
Puedes comprar un ser vivo, pero no la Vida.
Puedes comprar un reloj, pero no el Tiempo.
Puedes comprar una bombilla, pero no la Luz.
Puedes comprar un libro, pero no la Sabiduría.
Puedes comprar una canción, pero no la Música.
Puedes comprar un telescopio, pero no las Estrellas.
Puedes comprar un beso, pero no el Amor.
Puedes comprar una casa, pero no un Hogar.
Puedes comprar un cadáver, pero no la Muerte.
Puedes comprar unas alas, pero no la Libertad.
Puedes comprar a un médico, pero no la Salud.
Puedes comprar a un científico, pero no la Verdad.
Puedes comprar a un juez, pero no la Ley.
Puedes comprar a un político, pero no la Voluntad de un Pueblo.
A pesar de todo esto, siguen diciendo que el dinero tiene "valor".

