domingo, 19 de junio de 2011

Descripciones

Algunas cosas en la vida suceden de forma inesperada. Una llamada, una cara de asombro, una sonrisa. Son ese tipo de cosas.

La luz se filtra a través de las pequeñas rendijas de las persianas venecianas. La mayor parte del cuarto está a unos 24 ºC, exceptuando una zona que alcanza un pico máximo de 37ºC. A lo lejos, se oyen las conversaciones de los vecinos, y alguna canción en la radio. Nada más.

Duermes, cubierto únicamente por la sábana. Se puede apreciar tu espalda entre los pliegues caprichosos de la tela que te separa ínfimamente de la desnudez. Te miro en la penumbra de la habitación. No sé reconocer si estoy despierto o soñando. Me mantengo de pie, a un metro de tu piel, observándote mientras respiras pausadamente, una vez cada 5 segundos exactamente. Tu respiración es muy uniforme cuando duermes.

Vuelvo al sofá. La resaca, como buena amiga que es, no me abandona. Sin hambre ninguna, empiezo a escribir esto. Mis dedos se deslizan de la manera más elegante posible por las teclas de tu portátil. Pienso en todas las cosas que dije anoche. En todas las que nos dijimos. No he sido justo contigo. No era algo que necesitabas oír, yo era el único que necesitaba decirlo.

Apoyo mis pies en el suelo. Está agradablemente frío. Me dispongo a volver a tus labios, a tus brazos y a tus besos. Los disfruto tanto. Y los anhelo.

Nada más llegar, te percatas de mi presencia. Me sonríes con los ojos cerrados, medio dormido aún por la resaca que también padeces. Esa sonrisa... la misma que hace un año. Igual de mágica, igual de especial. Con una diferencia: esta vez, es solo para mí. Me acurruco entre tus brazos y tus piernas. Me llamas por el apodo que solo tú utilizas. Nos besamos. Dormimos

No hay comentarios:

Publicar un comentario