La respuesta corta es "no". La larga, es "sí" con un "pero".
La verdad es que nunca nos hemos dedicado a hablar largo y tendido. Nunca hemos mostrado interés sobre el otro, más que algunas cosas vanas y sin mucho fundamento. Cosas como la edad, los padres, lo que se toma al salir de fiesta... Nunca nos hemos preguntado sobre nuestro color favorito, o si nos gustan las margaritas o las rosas, o si dormimos del lado derecho o izquierdo de la cama.
La verdad es que nos tenemos al alcance de la mano, pero ni nos miramos. Siempre con los ojos en otros lados, sin fijarnos siquiera en quien tenemos a nuestro lado. En la vida, mirando hacia adelante.
Parece como si entre nosotros hubiese un muro infranqueable, que no nos permite profundizar, ahondar en el interior del otro y ver qué hay allí. Debe ser la rutina de no fijarse en los pequeños detalles, de no ver lo que no se ve con los ojos.
Algún día, quizá, dejemos de mirar en direcciones opuestas y nos miremos mutuamente. Entonces, y sólo entonces, estará todo claro.
Quizá no nos conocemos... todavía.
jueves, 4 de noviembre de 2010
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