22 de Junio de 1633, Roma, en el convento de Santa Maria sopra Minerva, es decir, "la Virgen María sobre Minerva", el Cristianismo sobre el Paganismo. Frente al tribunal de la Santa Inquisición, en cuya cabeza está el cardenal Roberto Belarmino, se encuentra sentado un hombre de 68 años, viejo, cansado y fatigado. Su nombre, Galileo Galilei.
Se le condena a cadena perpetua, a menos que abjure de sus ideales heréticos. El anciano, agacha la cabeza, abjura y se le conmuta su pena por arresto domiciliario de por vida.
Se dice que al abandonar la sala, mientras caminaba hacia el umbral, dijo en voz baja "e pur si muove", "y, sin embargo, se mueve".
Galileo Galilei había publicado hacia 1616 unos trabajos en los que decía que el Sol era el centro del Sistema Solar, y no La Tierra, como se pensaba hasta ese entonces. Validaba las teorías Copernicanas con sus propias observaciones, dando forma al modelo Heliocéntrico.
Estos escritos no tuvieron buena acogida entre los altos cargos de los Jesuitas. El Papa Pablo V ratifica la condena de sus escritos, y son retirados. Años más tarde, el nuevo Papa, Urbano VIII, debe sacrificar su amistad con Galileo para salvar su cuello ante los mastines de San Ignacio de Loyola.
La frase en cuestión, lo más probable es que Galileo no la dijese nunca. No podía arriesgarse a ir a la cárcel. La frase simboliza la perseverancia de los que defienden la Verdad frente a la sinrazón, el obcecado desatino de todos aquellos que temen a ésta.
Todas aquellas personas que se consideran científicos deben saber ver sin ningún velo delante de los ojos, para poder discernir entre lo que es verdadero y lo que sólo lo parece. Los defensores de la Verdad nunca cejarán en su empeño de esparcirla, de esturrearla por todos los lugares. Las semillas de la Verdad arraigan hasta en las zonas más áridas, y florecen en las mentes y en los corazones de los hombres que saben apreciar esos frutos, tan dulces en la boca y tan amargos en las entrañas.
La Verdad siempre estará de nuestra parte. Nunca podrán pararnos, pues la Verdad es eterna.
El 31 de Octubre de 1992, 349 años, 4 meses y 9 días después de haber sido condenado, Galileo Galilei es rehabilitado por el Papa Juan Pablo II, que pide perdón por el juicio al gran astrónomo. Es la primera vez en la Historia que la Iglesia pide disculpas y reconoce haberse equivocado.
Se le condena a cadena perpetua, a menos que abjure de sus ideales heréticos. El anciano, agacha la cabeza, abjura y se le conmuta su pena por arresto domiciliario de por vida.
Se dice que al abandonar la sala, mientras caminaba hacia el umbral, dijo en voz baja "e pur si muove", "y, sin embargo, se mueve".
Galileo Galilei había publicado hacia 1616 unos trabajos en los que decía que el Sol era el centro del Sistema Solar, y no La Tierra, como se pensaba hasta ese entonces. Validaba las teorías Copernicanas con sus propias observaciones, dando forma al modelo Heliocéntrico.
Estos escritos no tuvieron buena acogida entre los altos cargos de los Jesuitas. El Papa Pablo V ratifica la condena de sus escritos, y son retirados. Años más tarde, el nuevo Papa, Urbano VIII, debe sacrificar su amistad con Galileo para salvar su cuello ante los mastines de San Ignacio de Loyola.
La frase en cuestión, lo más probable es que Galileo no la dijese nunca. No podía arriesgarse a ir a la cárcel. La frase simboliza la perseverancia de los que defienden la Verdad frente a la sinrazón, el obcecado desatino de todos aquellos que temen a ésta.
Todas aquellas personas que se consideran científicos deben saber ver sin ningún velo delante de los ojos, para poder discernir entre lo que es verdadero y lo que sólo lo parece. Los defensores de la Verdad nunca cejarán en su empeño de esparcirla, de esturrearla por todos los lugares. Las semillas de la Verdad arraigan hasta en las zonas más áridas, y florecen en las mentes y en los corazones de los hombres que saben apreciar esos frutos, tan dulces en la boca y tan amargos en las entrañas.
La Verdad siempre estará de nuestra parte. Nunca podrán pararnos, pues la Verdad es eterna.
El 31 de Octubre de 1992, 349 años, 4 meses y 9 días después de haber sido condenado, Galileo Galilei es rehabilitado por el Papa Juan Pablo II, que pide perdón por el juicio al gran astrónomo. Es la primera vez en la Historia que la Iglesia pide disculpas y reconoce haberse equivocado.

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