jueves, 18 de agosto de 2011

Yo soy Pirro, rey de Epiro

Después de la muerte de Alejandro Magno, en el año 323 a.C., su colosal imperio se desmembró inmediatamente, y diversos generales macedónicos arrebataron una o otra parte. De ellos el más famoso fue Pirro, un familiar de Alejandro y rey de Epiro; un hombre ambicioso y formidable guerrero imitador de los moldes macedónicos. Sin embargo, Italia tenía problemas. En toda la época antigua, los griegos habían estado en el asiento del conductor, merced a las victorias de Alejandro. Pero en Italia las ciudades griegas del sur encontraron un formidable enemigo en el norte. Roma, que no era griega, se las había arreglado en el siglo anterior para establecer su poder por toda la península, hasta llegar a las áreas griegas.

El poder romano aspiró entonces a la unificación de Italia bajo su hegemonía. La ciudad más poderosa de la Italia meridional era Tarento, próspera y activa, por lo que los romanos se dirigieron a ella; ésta reclamó el socorro de Pirro, rey de Epiro, el cual, deseando ya una buena pelea, respondió inmediatamente. Llegó al sur de Italia con 25000 hombres y algunos elefantes, sin contar con el apoyo que las ciudades griegas les prestaron y seguro además de vencer a los romanos de forma fácil. Después de todo, los griegos siempre habían ganado a los "bárbaros". La victoria de Heraclea, obtenida sobre los romanos, fue desastrosa para Pirro.

En el año 279 a.C. luchó otra vez contra ellos en la batalla de Ausculum, ciento sesenta kilómetros al norte, y el rey epirota venció de nuevo, pero solamente después de grandes pérdidas. La flor y nata de los hombres que había traído a Italia estaban muertos. Uno de los oficiales, lo felicitó por su victoria, a lo que Pirro respondió amargamente: "Otra victoria como ésta y estoy perdido"; en realidad, no ganó ninguna otra batalla y fue obligado a salir de Italia en el año 275 a.C.

Actualmente, al hablar de victoria pírrica, nos referimos a cualquier éxito que se ha obtenido a un coste tan elevado, que habría sido casi mejor no conseguirlo.

Las palabras y la Historia, Isaac Asimov, Ed. Laia, Barcelona, 1974

No hay comentarios:

Publicar un comentario