sábado, 24 de septiembre de 2011

La Historia de una Sonrisa


Todo empezó con una sonrisa. Esa sonrisa.

No era una gran sonrisa. Estaba en blanco y negro. No era una sonrisa presumida, ni altanera. Era una sonrisa como otra cualquiera, al menos, quizá lo fue para ti. Quizá fue una sonrisa de tantas que ya habías esgrimido en tu rostro. Una de tantas que plasmaría el objetivo de aquella cámara que nunca conoceré. Pero fue la sonrisa.

Cuando la vi, sentí que necesitaba saber qué se ocultaba tras aquella sonrisa. Necesitaba saber quién era el que mandaba que se formase en las comisuras de su boca. Quería conocer la razón de aquella sonrisa. Mi corazón anhelaba saber quién eras.

Con el tiempo, no sólo deseé ver esa sonrisa. Con el tiempo, quise producirla. Quise conocer tu olor, tu sabor. Quise saber cómo sería besar esos labios. Quise sentir esos dientes mordiéndome suavemente, pero con decisión mi piel. Ya no podía contentarme con tu boca y tu rostro. Quería tus manos, tus brazos, el resto de tu piel.

A pesar de las dificultades, el Universo conspiró para concederme lo que deseaba. Pero cuando empecé a sentirme seguro de lo que se me había dado, cuando dejé de dar las gracias, me fue arrebatado.

Entonces, empezaron los Días Aciagos. Perdí la sonrisa, me di cuenta de que no era de mi propiedad, que, a fin de cuentas, era libre. Los pájaros y las sonrisas no deben enjaularse, porque mueren en cautividad. Por aquellos días, no deseaba la sonrisa. Bueno, sí, la deseaba, pero sólo si era yo el que la producía. Fueron días de mucho egoísmo y mucha tristeza.

Las lágrimas expiaron mi pecado. Y cuando cejé en mi empeño por poseer algo que nunca fue mío, el Universo tuvo a bien concederme aquella sonrisa una vez más. La recibí con los brazos abiertos, la mimé, la alimenté con besos y con bonitas palabras. Volvió a ser la sonrisa que yo recordaba, de esas que disipan las brumas.

La Historia de la Sonrisa no acabó ahí. La sonrisa sigue pudiéndose ver, y no en contadas ocasiones. A veces, aparece a la más mínima y provoca a su homóloga, en mi faz. Lo importante es que se produzca, no importa la razón.

Ha pasado ya mucho tiempo. Pero sigue siendo quizá la sonrisa más hermosa que he visto nunca. Cuando veo esa fotografía, recuerdo todo lo que significa, todo lo que hay detrás, toda la historia, todo lo que hemos vivido, y no puedo evitar sonreír.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

El Quijote

¿Por qué nos inquieta que el mapa esté incluido en el mapa y las Mil y Una Noches en el libro de Las Mil y Una Noches? ¿Por qué nos inquieta que Don Quijote sea lector de El Quijote y Hamlet sea espectadot de Hamlet? Creo haber dado con la causa: tales inversiones sugieren que si los personajes de una ficción pueden ser lectores o espectadores, nosotros, sus lectores o espectadores podemos ser ficticios.

martes, 13 de septiembre de 2011

Quiero

Ayer, mientras paseaba por la Biblioteca, en la sección de Narrativa, me detuve a hojear unos libros, creo recordar por la B. La primera página del primer libro que abrí, decía lo siguiente:

Quiero que me oigas sin juzgarme.
Quiero que opines sin aconsejarme.
Quiero que confíes en mí sin exigirme.
Quiero que me ayudes sin intentar decidir por mí.
Quiero que me cuides sin anularme.
Quiero que me mires sin proyectar tus cosas en mí.
Quiero que me abraces sin asfixiarme.
Quiero que me animes sin empujarme.
Quiero que me sostengas sin hacerte cargo de mí.
Quiero que me protejas sin mentiras.
Quiero que te acerques sin invadirme.
Quiero que conozcas las cosas mías que más te disgusten,
que las aceptes y no pretendas cambiarlas.
Quiero que sepas... que hoy puedes
contar conmigo.

Sin condiciones.


Tras informarme, como no podría ser de otra forma, el autor de este fragmento es el señor Bucay.

Eso es, sinceramente, lo que quiero.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Expectación

Las horas van pasando, inexorablemente. Las uñas van menguando en los dedos, devoradas por la inquietud, como siempre.

Las sábanas de mi cama me rechazan, y el sueño se resiste a venir. La vigilia es constante en las vísperas a nuestros encuentros.

Me mantendré expectante, a ver qué me deparan los próximos días.

viernes, 2 de septiembre de 2011

Del portugués

echar.
~ de menos, o ~ menos a alguien o algo.
1. (Del port. achar menos, hallar menos). locs. verbs. Advertir, notar su falta.
2. locs. verbs. Tener sentimiento y pena por su falta.


distancia.
(Del lat. distantĭa).
1. f. Espacio o intervalo de lugar o de tiempo que media entre dos cosas o sucesos.
2. f. Diferencia, desemejanza notable entre unas cosas y otras.
3. f. Alejamiento, desvío, desafecto entre personas.


amor.
(Del lat. amor, -ōris).
1. m. Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser.
2. m. Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear.
3. m. Sentimiento de afecto, inclinación y entrega a alguien o algo.
4. m. Tendencia a la unión sexual.
5. m. Nosotros.