Ya ha pasado un año. Un largo año.
Supuestamente, volví a casa. Pero siento como si éste no fuera mi hogar. Estas paredes, estos blancos techos... No, no estoy en casa. Pero tampoco estaba en casa cuando estaba allí. Me siento apátrida. Un Dorian Gray sin pasado, ni patria, ni bandera.
Todo, absolutamente todo, toma un tono grisáceo, como si de una fotografía en blanco y negro se tratase. Me siento vacío, sin ningún interés por nada. Mis anhelos, mis deseos, huyen delante de mí, sin que pueda atraparlos. No encuentro perdón ni paz en ningún lugar. Las noches son eternas y frías. La pálida luz de la luna me obliga a dilatar al máximo mis pupilas en pos de ver algo en una casi absoluta oscuridad. Llueve debajo de la piel.
No sólo llueve. Son nubarrones negros de tormenta los que azuzan mi insomnio y mi desesperación. Los truenos se expresan como gritos ahogados en el fugaz resplandor de una relampagueante mirada efusiva al espejo. ¿Quién soy? ¿Quién fui? Ambas preguntas tienen una respuesta trivial y una opuesta. Como si de un binomio se tratara. Una dualidad tan absoluta como luz-oscuridad o vida-muerte. Nada de subjetividades. Dualidades tangibles y mensurables.
Durante los últimos años, he buscado la perfección como único y completo propósito. No obstante y lamentablemente, con el tiempo te das cuenta de que la perfección, aunque debería tratarse del máximo exponente de la unicidad, resulta que también se trata de algo subjetivo, sensible a ser cuestionado y observado. No lo voy a ocultar, yo creo firmemente que mi ideal de perfección es el único que hay o debería existir. Pero, como siempre, me engaño a mí mismo.
En estos momentos, mi mente va errante, rozando débilmente ideas y sentimientos que infundir a los dedos para que plasmen algo ininteligible sobre una pantalla de ordenador. Ya no busco la perfección, ni el perdón, ni siquiera la aceptación y mucho menos la comprensión.
Ha pasado un año. Un año de pérdida constante. Pérdida de ilusiones, de sueños, de alegrías, de recuerdos... El mundo sigue y sigue girando, inmarcesible, imparable e inmutablemente inmune a los sentimientos de los viajeros. Lo único inmutable, es el cambio...
...Sólo es una espina. Con el tiempo, la carne la rodea y el dolor se hace parte presente del cuerpo.

qué de cosas hace la biotecnología, eh?
ResponderEliminarno...
sería de necios culpar a ella de nuestras imperfecciones