No voy a hablar del amor. Está muy visto, pero es casi inevitable. Parece ser que este sentimiento es determinante para muchísimas personas. Y debe ser así, pues está detrás de las más grandes proezas del ser humano, así como de los mayores desfeitos.
Hablaría de muchas cosas, muchas historias interesantes, extravagantes e incluso increíbles, pero no estoy para eso. No sé, hoy puede que haya sido un día distinto en mi monótona vida. No es que haya intimado con la persona más maravillosa del mundo, pero por el momento, es entretenido estar con esa persona.
Todos los días vamos conociendo gente. Algunas personas nos llenan nada más conocerlas y nos llegan al corazón. Otras, las vemos desde detrás de un cristal, esperando a ver qué hacen, observándolas de lejos, sin saber bien qué decir o qué hacer en su presencia. Otros, directamente no te caen en un primer momento y los ignoras. Incluso, otras personas deseas tener su cabeza en una bandeja nada más decir unas frases.
Pero tampoco me interesa hablar de eso. La verdad es que no tengo apenas ganas de escribir, a pesar de que sí que tengo cosas que contar. Es curioso pensar que cuando no tienes nada que decir, hablas por los codos y cuando tienes muchísimo de lo que hablar, no sueltas palabra. Curious.
Me imagino en mi casa, de noche. Por la ventana entra un olor a hierba, galán de noche y tierra reseca. No se oye apenas nada, sólo un ladrido lejano, casi imperceptible. Se pueden ver las luces de las farolas, de las casas adyacentes, de la luna y las estrellas. Y en esas circunstancias tan relajantes, me da por pensar.
¿En qué pienso? En el tiempo pasado, en el futuro y en el presente. En todo lo que he hecho y lo que me queda por hacer. No pienso en nadie en concreto, salvo en mí mismo. Un egoísmo bien cultivado con el paso de los años. Podría pensar en la gente que me rodea, que me quiere, me anima y me apoya. En la gente que confía en mi y que se apoya en mi persona para conseguir sus metas. Pero no, sólo pienso en mi mismo.
Sonrío para mis adentros pensando que aun en esa soledad y oscuridad tan tangibles no estoy totalmente solo. Hay un mosquito que me ha dejado un buen picotazo. Vuelvo a la cama y consigo conciliar el sueño. Mañana, será otro día.
martes, 1 de junio de 2010
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