viernes, 28 de mayo de 2010

Formas de ser

A estas alturas de la existencia, es una tontería engañarse. No merece la pena el tiempo ni el esfuerzo de tamaño ardid. Mejor aceptar las cosas tal y como vienen a vivir en un limbo atemporal tan frágil como una pompa de jabón.

Las cosas se acaban, queridos lectores y lectoras. Es curioso que diga esto en la primera de mis entradas. Terriblemente curioso. Pero la vida es un carrusel de andanzas y peripecias, y lo que para una persona es un final, para otros es un principio.

Cada persona es como es, y eso es completa y absolutamente innegable. Y gracias a la Divina Providencia (véase Dios, Alá, Naturaleza o Bob Esponja) es así. No verás por estos lares dos personas iguales, ni siquiera los gemelos homocigóticos lo son (se empeñan en no parecerse, tanto que incluso el gemelo bueno de Hitler estuvo trabajando en una tienda de perritos calientes en Buenos Aires llamada "Die Grössen Frankfurten" hasta 1978). Que haya gente diferente es algo realmente fascinante y necesario. Placentero, incluso. Salir y conocer gente que difiere a ti diametralmente es de esas cosas que aún conserva su magia en estos años locos.

Porque oigáis lo que oigáis, el mundo está loco. O mejor dicho, esta roca cuasiesférica llena de idiotas está repleta de idiotas locos. Menos mal que aún queda gente con dedo y medio de frente (los de dos dedos se dejaron de reproducir hace tiempo) que nos recuerdan a los demás que todavía podemos seguir una luz como polillas en medio de la noche en vez de ir pegándonos contra las paredes. Aunque nunca está de más llevarse algún chichón, para recordarnos de dónde venimos: de estar como un cencerro.

¡Ay, si es que hay tanta gente por este pedazo de cacho de tierra en medio del espacio! ¡Y tan poco tiempo para disfrutarla! O quizá no...

1 comentario:

  1. Yo le había dejado un comentario, dándole la bienvenida y hablándole de mi decisión, hace algún tiempo, de seguir el camino de la locura dentro de la sensatez.

    ResponderEliminar